Cuadro
actual de la correlación de fuerzas en el
movimiento obrero y sindical venezolano.
75. Un rasgo que caracteriza
históricamente a
la clase obrera venezolana, particularmente al segmento del proletariado industrial,
es su debilidad numérica con
respecto al conjunto
de la población
y
en
comparación con los segmentos
de las y los asalariados que laboran en la administración pública y
de los
servicios, como consecuencia de la limitada actividad industrial que resulta del tradicional modelo económico dependiente y
rentista, basado en el extractivismo petrolero, papel asignado a nuestro país en
el marco de la división internacional del trabajo impuesta por las potencias imperialistas en las primeras
décadas del siglo XX.
76. Esa característica, que no invalida su condición de fuerza de vanguardia de la revolución nacional liberadora y
socialista en Venezuela, se acentúa en los últimos años al no producirse un desarrollo de las
fuerzas productivas, sino que por el contrario se acentúa la reducción del tejido industrial y un descenso
de la fuerza de trabajo ocupada en actividades fabriles y transformadoras
de materias primas en
general.
77. En materia de derechos laborales y sociales, ha habido notables –aunque mediatizados- avances legislativos en el
transcurso del proceso bolivariano, específicamente en el período del presidente
Chávez. Estos avances no pueden registrarse totalmente como conquistas
obtenidas por el movimiento de las y los trabajadores a través de luchas específicas, sino como resultado
de decisiones adoptadas por el gobierno nacional y, específicamente, por el presidente Hugo Chávez durante su mandato, aunque las mismas son el reflejo de las demandas históricas y las contradicciones de clase
en desarrollo en la sociedad venezolana.
78. Ahora bien, pese a su
relativa importancia, esos avances no significan que la clase obrera
haya logrado
liberarse de las cadenas oprobiosas de la explotación y
de la opresión, propias del capitalismo.. Continúan los despidos arbitrarios e injustificados y las restricciones a la libre organización de los trabajadores. Al preservarse en nuestro país las relaciones capitalistas de producción y el modelo de acumulación propio del capitalismo dependiente, atrasado y
rentista que caracteriza a nuestra sociedad, al mantenerse intacta la vieja máquina estatal burguesa y el dominio del capital sobre el trabajo, las y los trabajadores siguen siendo objeto de todas las formas de agresiones,
desmejoras, vejaciones y maniobras fraudulentas que acostumbra la patronal privada y pública, que
tiende a violentar las disposiciones legales por lo general con apoyo y facilitación de buena parte del
funcionariado del ministerio con competencia en materia del trabajo y
por las autoridades judiciales, casi
sin excepción.
79. De igual manera, se siguen registrando recurrentes episodios de represión policial y de criminalización
de la lucha obrera,
así como también de la lucha campesina por el derecho a la tierra. Tales hechos se suscitan con impunidad y golpean fuertemente
a nuestra clase trabajadora, como consecuencia de la
débil condición en la
que se encuentra el movimiento obrero
y sindical de clase en nuestro país.
80. Lo
descrito, una vez más, evidencia que en una sociedad dividida en clases como la nuestra, no basta
con leyes y reglamentos que establezcan derechos, por avanzados que estos sean, si la correlación de
fuerzas no es favorable para que las clases explotadas y oprimidas, la clase obrera y el pueblo trabajador
en general, puedan hacerle frente a la
clase dominante (los
distintos estamentos
de la burguesía) para hacer respetar y fortalecer las
conquistas arrancadas al Estado burgués y a la patronal.
81. Por supuesto, si no existe un fuerte movimiento organizado de las y los trabajadores, con conciencia
combativa de clase, mucho menos podrán aprovecharse esas conquistas legales para utilizarlas en
función de avanzar en las luchas por la emancipación nacional y social. Aun más, la aprobación por parte del Gobierno de instrumentos jurídicos que definen derechos laborales, en el marco del reformismo y
no como parte de una estrategia revolucionaria, no siendo conquistas arrancadas al fragor de los combates
de clases, pueden generar un estado de ánimo colectivo de conformidad, pasividad y
frustración, adormeciendo la conciencia de clase. Y
eso precisamente tiende a suceder en Venezuela, potenciado por
los
engañosos discursos del Gobierno y de la derecha pro-imperialista, así como por el papel que cumple el
sindicalismo reformista de carácter oficialista.
82. El clasismo proletario, en su disputa por la dirección de las masas trabajadoras de la ciudad y el campo, por destronar la hegemonía del reformismo claudicante y
adormecedor, debe aprovechar los
actuales instrumentos jurídicos en materia de derechos laborales y sociales para activar luchas por su
cumplimiento, defensa y profundización, generando mayor organización y unidad de las y los trabajadores con independencia de clase, comprendiendo que las leyes burguesas -es decir concebidas
dentro del Estado burgués-, no cambian
el sistema capitalista
ni modifican su naturaleza explotadora y opresora; esto sólo será posible cuando la clase obrera en alianza con el pueblo trabajador
conquiste el poder e inicie una verdadera transformación
revolucionaria de la sociedad.
83. Las
concepciones socialdemócratas dominantes en el proceso bolivariano, y presentes desde sus inicios, esgrimen
la
fraudulenta propuesta de un pretendido “Socialismo
del Siglo XXI”, despojado de la lucha de clases, negándole a la clase obrera su papel de vanguardia y manteniéndola en condiciones de subordinación. Esta concepción y práctica política, es totalmente explicable desde la óptica de los intereses de clase de quienes ostentan el poder político y económico real, lo que se hace patente e indiscutible en la actual
crisis del modelo capitalista dependiente y
de acumulación rentista, en medio de la aguda lucha por el control del Estado por parte de las distintas fracciones del capital y
la
búsqueda de salidas concertadas entre
las diversas corrientes socialdemócratas.
84. En este contexto, juega un papel relevante la tendencia
sindical reformista, construida y sostenida desde las instancias del poder gubernamental, y
complacientemente aupadas, consentidas y protegidas
por la patronal privada, principal interesada en promover la conciliación de clases y
el sometimiento de la mayoría de nuestra clase trabajadora al dominio de la ideología burguesa, independientemente de las fracciones burguesas y pequeñoburguesas
que ejercen el control del
aparato estatal.
85. La
política de cada vez mayor sujeción de la actual dirección gubernamental a los intereses de grandes y medianos capitalistas, incluyendo a grupos monopólicos nacionales y extranjeros, no logra ser
encubierta con la
retórica de apariencia revolucionaria
ni con medidas de corte populista y concesiones de
poca relevancia. Tal
política se instrumenta
junto al
acelerado
ascenso a espacios
de
poder gubernamental de funcionarios
que forman parte de
tendencias en creciente proceso
de descomposición.
86. Todo lo anterior genera un acelerado y creciente deterioro en las condiciones materiales de vida de la
clase obrera y del pueblo trabajador. Se consolida la desvalorización de la fuerza de trabajo, como
resultado de la caída de la capacidad adquisitiva del
salario real, a lo que se agregan en los últimos
tiempos el creciente proceso de desalarización
del ingreso de las y los trabajadores (incremento de los bonos de alimentación por encima del salario) y los incesantes incrementos de precios pactados entre el gobierno y los empresarios.
Se
tienden a imponer por la vía de los hechos mecanismos de flexibilización y
desregulación laboral a centenares de miles de trabajadores y trabajadoras al servicio de entidades públicas y privadas. Se
contribuye desde el Estado a que patronos privados mantengan nóminas de tercerizados y precarizados pese a la norma que prohíbe tales fraudes en la relación laboral. Se avanza en el desmantelamiento y la
progresiva reprivatización de empresas y
fincas nacionalizadas y recuperadas por el gobierno del
Presidente Chávez, produciendo despidos masivos y la intención de destruir organizaciones
sindicales.
87. La corrupción avanza
cada
vez
más
en
las empresas
e
instituciones
públicas
y
privadas. Este fenómeno se desarrolla aceleradamente en las actuales condiciones de crisis, lo cual está
vinculado a la esencia del Estado capitalista dependiente, en cuyo marco constituye una forma de acumulación de
capital. Las y los trabajadores que hacen frente a la corrupción y exigen una administración eficiente y
pulcra, son víctimas de las administraciones corruptas de las entidades de trabajo públicas y privadas, que
les declaran la guerra, en muchos casos en contubernio con funcionarios públicos de diversos entes e instituciones del Estado.Esto impacta negativamente en las condiciones y capacidades de organización
y lucha de la clase trabajadora.
88. En ese contexto, la burguesía demanda la imposición de la “paz laboral”, mientras que el entreguismo reformista, que
gestiona la crisis del
capitalismo dependiente a favor del capital, actúa en consecuencia: anula, sofoca
o desmonta las luchas laborales en general, para contribuir al
sometimiento de la clase
trabajadora a los designios del capital y
del
Estado, intentando por esta vía obligarla a que se limite en sus exigencias,
decline en sus propósitos emancipadores y que pierda toda independencia. Se empeñan en debilitar o desaparecer a las expresiones del movimiento obrero y
sindical clasista, lo que está en pleno desarrollo
mediante prácticas que
niegan la libertad sindical
o que limitan e instrumentalizan a las y los delegados de
prevención o que impiden la existencia de consejos de trabajadores y
trabajadoras, a menos que se
subordinen al control oficial y patronal.
89. Lo anterior se facilita por el hecho de que la actual
Ley Orgánica del Trabajo, de los Trabajadores y Trabajadoras (LOTTT), tal y
como la caracterizó nuestra XIII Conferencia Nacional de Organización y Masas,
en esencia es un instrumento para la colaboración de clases en el que, pese a
contener avances en derechos individuales, debilitó los derechos colectivos a
la libertad sindical y a la huelga; pero además, con la negativa a discutir y
aprobar la Ley Especial de los Consejos Socialistas de Trabajadores y
Trabajadoras (presentada por el PCV), se impide a la clase trabajadora contar
con un instrumento jurídico que le permita organizarse legalmente para ejercer
verdadero control social sobre la producción, en lucha estratégica por
establecer nuevos modelos de gestión de dirección colectiva, en la perspectiva
hacia la conquista del poder político.
90. La
tarea fundamental del movimiento obrero y sindical clasista en el presente
momento, es la de ganar la conciencia de la clase
trabajadora para que
luche por su definitiva emancipación, lo que significa
colocarse a la
vanguardia
de un amplio bloque de
fuerzas revolucionarias,
obreras, campesinas
y
populares, capaz de erigirse en opción de poder en medio de la crisis y
del colapso del capitalismo
dependiente y rentista.
91. Parafraseando a Lenin, la primera
necesidad de las y los trabajadores es la de tener conciencia de
clase, o lo que es lo mismo
conciencia socialista para que
asuma
y cumpla su misión
histórica; la segunda
necesidad, es la de organizarse de forma independiente como clase, tanto en
amplias organizaciones de
masas (sindicatos), como en su partido de vanguardia, el Partido Comunista, para dar la lucha de clases acumulando fuerzas hacia la conquista revolucionaria del poder político. La indudable debilidad numérica
y orgánica del movimiento obrero y
sindical clasista, demanda entre nuestras primeras tareas su fortalecimiento, realizando una intensa labor de organización, lucha y formación ideo-política entre las
amplias masas de trabajadores y trabajadoras.
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