Crisis imperialista y colapso del modelo
capitalista dependiente.
35. La
parasitaria oligarquía venezolana –la de viejo y nuevo cuño– y los partidos agrupados en la llamada Mesa
de la Unidad Democrática
(MUD), que le sirven
de expresión política, históricamente está atada en condiciones de servil subordinación y dependencia a los intereses imperialistas. A ella se suman quienes,
en connivencia con las corrientes
socialdemócratas y entreguistas del proceso
bolivariano, avanzan en una línea de desmontaje de las conquistas sociales, políticas y culturales alcanzadas durante
el período de gobierno del Presidente Hugo Chávez, para recomponer una alianza económica y
sociopolítica bipartidista que tiende
a expresarse en un nuevo pacto de élites a nivel
nacional con su correspondiente correlato de exclusión, segregación, persecuciones y reforzamiento de la dependencia y
debilitamiento de
la soberanía nacional.
36. Esta política, que sirve a los objetivos de recomposición de la dominación hegemónica del imperialismo,
particularmente el norteamericano-europeo, en el continente latinoamericano y caribeño, es facilitada por
el limitado calado de las transformaciones socioeconómicas, políticas y
culturales, de contenido y forma profundamente
reformista, adelantadas por los gobiernos progresistas que en los últimos tres
lustros han gobernado importantes países de la región, incluida
Venezuela, en
correspondencia con
el carácter burgués y pequeñoburgués de las clases dirigentes
de tales procesos.
37. En
Venezuela, transitamos por un complejo
cuadro de agudización
de
la lucha
de
clases y de confrontación por el poder político. Fracciones de la burguesía monopólica transnacionalizada y de la pequeña burguesía devenida en nuevos grupos
económicos, además de sectores enriquecidos
por la corrupción, ejercen el protagonismo en la disputa
por el gobierno y
el aparato del Estado, como medio para
ejercer control y acceso al usufructo de la renta petrolera y
demás ingentes riquezas naturales que
subyacen
en el territorio nacional, a cuyo efecto construyen
alianzas estratégicas con
grandes corporaciones monopólicas mundiales, a la vez que subordinan importantes núcleos de trabajadores y otras
capas explotadas
de la
sociedad venezolana a sus intereses.
38. He ahí las condiciones en que
se desarrolla la actual crisis del modelo de acumulación capitalista
dependiente, atizada por las agresiones multifacéticas y particularmente
económicas que implementa la principal
potencia imperialista mundial, brindando apoyo a los sectores que
le
garantizan mayor subordinación y
explotación del país; mientras, tiende puentes al reformismo socialdemócrata,
democristiano y seudosocialista en funciones de gobierno que, a fin de cuentas, son parte de sus fuerzas estratégicas al no proponerse la ruptura de la dependencia del imperialismo para transitar caminos de
liberación nacional y,
mucho menos, liquidar la formación económico-social capitalista
y construir
el verdadero socialismo, que
debe regirse por la teoría y la práctica
del socialismo científico.
39. Las
conquistas populares del proceso bolivariano están seriamente amenazadas, especialmente las que garantizan el desarrollo
de todas las demás: el principio de
soberanía e independencia nacional, así como los de participación y protagonismo popular genuino con su correlato de control social obrero y popular. En el marco de esta dinámica de crisis creciente avanzan las corrientes de ultraderecha
y las tendencias
entreguistas, liquidacionistas y reformistas de la socialdemocracia opositora y
oficial, nacional e
internacional -ambas, independientemente de
su retórica, al servicio del gran capital transnacional.
Acerca de la economía nacional.
40. Desde hace ya varios años, el PCV ha venido alertando acerca del desarrollo de ciertos fenómenos preocupantes y tendencias negativas, tanto en el estado general de la economía nacional como en la
situación financiera de la República. Al menos desde 2009, y con especial fuerza desde nuestro XIV Congreso Nacional de 2011, hemos hecho reiterados llamados a atender esta materia e introducir los correctivos necesarios para evitar las dificultades que se avecinaban y para avanzar efectivamente hacia la
liberación nacional, para la
cual es imprescindible
lograr la consolidación
de la
soberanía económica.
41. Los eventos observados en la esfera económica en el curso de los cinco años que han transcurrido desde ese Congreso, confirman la
caracterización
que
hicimos
entonces de la
estructura de la economía nacional. Decíamos que: «…sigue vigente, y en algunos sentidos hasta se está fortaleciendo, el modelo
de capitalismo dependiente, rentista e improductivo que dominó en nuestro país durante
la mayor parte
del siglo XX. No
hemos
logrado
avances en la
diversificación de la
economía, fundamentalmente
petrolera, lo que nos obliga a seguir siendo un país monoproductor, multiimportador y
con una alta dependencia tecnológica. Hoy
dependemos más que antes de la renta petrolera y
de la
compra en el
exterior de
buena parte de
lo que consumimos,
incluyendo
una porción significativa de nuestros
alimentos» (XIV Congreso Nacional del PCV, Línea
Política, § 22).
42. Esa situación es en principio resultado de la ubicación que, desde los tiempos del genocidio colonizador y la
fase de
acumulación
originaria del capitalismo, tiene
la economía venezolana en la
división
internacional del
trabajo del mundo colonial y, posteriormente, bajo predominio del capital imperialista con
el advenimiento de la era petrolera a principios del siglo XX. En ambos casos se mantiene la especificidad
de la dominación: economía dependiente de la metrópolis y esencialmente proveedora de materia prima.
Condición de muy larga data que produjo una deformación estructural de la economía nacional, que las clases y capas sociales dominantes en cada determinado período histórico del desarrollo nacional, por su génesis y carácter, no
se propusieron -con contadas excepciones- superar consecuentemente.
43. También advertimos entonces y en diversas otras oportunidades, que tal panorama, lejos de corregirse o
al menos atenuarse durante
los años del proceso bolivariano, se estaba
agravando. Ese agravamiento ha
continuado y se ha acentuado más recientemente, en buena medida, debido a cuatro causas
fundamentales:
1) la ausencia en el
poder de un partido de la clase obrera y
del pueblo trabajador de la ciudad y el campo, con dirección colectiva revolucionaria, capaz de unir a las corrientes sociales y políticas más avanzadas de la sociedad, superar las concepciones utópicas e idealistas del desarrollo social con
las que han impregnado
y/o debilitado el proceso, y garantizar
el curso
consecuente de un plan de desarrollo nacional soberano e independiente, que consolidara
el rumbo nacional liberador
y
verdaderamente le
abriera perspectivas a la construcción del socialismo
en Venezuela;
2) la sostenida acción
de
sabotaje, agresión
sistemática
y multifacética que,
en
contra de economía nacional y
todo
el pueblo venezolano, adelantaron las capas
oligárquicas de la
burguesía monopólica local, asociadas en condiciones de
dependencia y subordinación al imperialismo, particularmente al
estadounidense, como son
los sectores del capital bancario y financiero especulativo, del comercial e industrial, mediático, agropecuario y agroindustrial
“nacional” y transnacional, que se expresaron en paros desestabilizadores, cierres fraudulentos de
empresas, desinversión y caídas programadas de la producción,
financiamiento de conspiraciones
y grupos paramilitares,
agravamiento de la corrupción, acaparamiento-desabastecimiento-especulación con los productos básicos, manipulación
cambiaria, entre muchas otras modalidades aplicadas;
3) vacilación y
temprana descomposición de parte importante de la dirección del proceso
bolivariano y
del gobierno nacional, quienes optaron por promover, aupar y facilitar la política de importación indiscriminada de productos extranjeros, propiciando o acompañando en la práctica el sabotaje de las iniciativas
impulsadas por el Presidente Hugo Chávez para el desarrollo productivo del país y golpeando/debilitando al pequeño y mediano capital nacional directamente vinculado a la
producción interna, con el fin de enriquecerse aceleradamente con las importaciones en dólares,
en cuya acción antinacional se asociaron y favorecieron a sectores del gran capital oligárquico y transnacional; a dicha práctica, se sumó
la corrupción como
mecanismo de acumulación
capitalista. Todo lo anterior lo asumieron en coherencia con su condición pequeñoburguesa y la
transformación de importantes sectores de dicha dirección en burguesía
consolidada y, en general, con su creciente subordinación a los intereses del
gran capital, fundamentalmente el especulativo e importador;
4) la pronta desaparición física del líder del proceso bolivariano, Presidente Hugo Chávez Frías,
cuya autoridad moral y política, pese a la existencia de concepciones eclécticas
y enfoques utópicos e idealistas que impregnaban
muchos de sus planteamientos, le
permitía estar
en
condiciones de redefinir políticas
y rumbos, realinear fuerzas y producir las rectificaciones críticas y autocríticas, preservando el carácter progresista,
antimperialista y democratizador del proceso
económico, social, político y cultural
venezolano, abriendo cauces
a las posibilidades de adelantar profundas transformaciones revolucionarias en
dependencia de una correlación de fuerzas favorable a la clase obrera y el
pueblo trabajador.
44. Comprender en su complejidad y totalidad dialéctica, en
sus contradicciones clasistas, el proceso
sociopolítico venezolano, asumirlo desde la perspectiva de la dialéctica materialista, sin unilateralismo ni
enfoques meramente económicos o técnicos, pero también con estos, es fundamental para extraer las enseñanzas que
nos ayuden a seguir avanzando por
el sendero de la lucha
de clases y por el triunfo de
la revolución proletaria.
45. Los condicionantes ya descritos, sobre los cuales ha sido insistente el Partido Comunista de Venezuela,
tal como queda reflejado en su
periódico “Tribuna
Popular”, en
las múltiples
declaraciones de
sus vocerías y en las diversas acciones desarrolladas por la clase trabajadora, fueron señalados oportunamente ante
las
masas y la dirigencia del gobierno, sin que se construyesen espacios efectivos para el análisis crítico y autocrítico, mucho menos para la
corrección de las políticas
o prácticas cuestionadas.
46. Todo lo anterior incapacita al gobierno bolivariano, liderado
por sectores de la pequeña burguesía
que, con un proyecto de socialismo utópico
administran al Estado burgués, para aprovechar su posición privilegiada como principal
actor de la economía nacional, e impulsar desde allí los
cambios
que se necesitaban y necesitan. Debe tomarse en cuenta que en Venezuela el Estado es propietario tanto de las principales industrias que producen casi el 100% de las divisas como de una gran proporción de las tierras de cultivo, y tiene en sus manos, en consecuencia, las palancas fundamentales para determinar el rumbo
de toda la actividad económica de la República. El devenir del
desarrollo histórico de Venezuela demuestra,
que sólo el proletariado, liderando la amplia alianza de clases y capas sociales y fuerzas políticas patrióticas,
antiimperialistas, populares y
revolucionarias, será capaz de salir de la crisis del modelo de acumulación
capitalista dependiente venezolano, superar su carácter rentista, evitar las vacilaciones y
apuntar en la construcción de un socialismo real, basado en la ciencia y no en el idealismo.
47. Aunque es cierto que uno de los factores que más han incidido en la gravísima situación económica que hoy
padece Venezuela fue la abrupta caída de los precios petroleros ocurrida a partir del
segundo semestre de 2014, no debe obviarse la responsabilidad objetiva que tienen quienes han ejercido la
dirección del Estado al
no adoptar las medidas
preventivas necesarias para atenuar los efectos de
un desplome de precios que se sabía inevitable
tarde o temprano.
48. El gobierno nacional, pese a nuestras advertencias y las de otros sectores y organizaciones populares de avanzada, y
pese a las señales preocupantes que venían arrojando los indicadores oficiales del Banco
Central de Venezuela,
persistió en su política económica de crecimiento desordenado del gasto público sin planificación, falta de
precaución en el manejo de los fondos de la República, endeudamiento público excesivo y alto déficit fiscal, proveniente de una política monetaria y
fiscal anclada en los intereses de la burguesía financiera y de la burguesía comercial-importadora.
49. Ya desde 2006 comenzó a hacerse evidente que el nivel de gastos en que estaba incurriendo el gobierno
era
peligroso
y muy probablemente
insostenible de presentarse un colapso de los mercados petroleros. En nueve de los diez años siguientes, tanto el balance fiscal consolidado como la balanza
de pagos de la
República han mostrado severos déficits, lo que se ha
traducido en el progresivo agotamiento de las reservas internacionales bajo custodia del BCV y
en un profundo deterioro de la situación financiera del Estado, hoy
gravemente endeudado y
con enormes dificultades para atender sus compromisos y necesidades.
50. Al mismo tiempo que se debilitaba la situación financiera del Estado, se debilitaba también el ya precario tejido productivo de la economía real del
país. Es cierto que el gobierno nacional gastó a lo largo de los años
enormes sumas de
dinero para el
impulso de
diversas iniciativas económicas, pero, como señalamos también en 2011, esas iniciativas «… han sido, al menos hasta ahora, muy poco exitosas, como
también lo han sido la mayoría de las numerosas cooperativas constituidas en el marco de las
Misiones […] y muchas de las pequeñas y medianas industrias que el gobierno ha apoyado» (XIV
Congreso Nacional del PCV, Línea Política, § 23). En consecuencia, lejos de convertirse en estímulos
para
el despegue económico del país, esos emprendimientos fueron nuevas y pesadas cargas muertas para el erario público.
51. Lo mismo afirmamos
de las empresas medianas y grandes que
fueron estatizadas en esos años por la vía de la adquisición o la expropiación con indemnización, y de
las
inmensas extensiones de tierras que
estaban en condición de latifundios y
fueron rescatadas por el gobierno. Decíamos entonces, y
el tiempo lamentablemente nos ha dado la razón, que sin la participación protagónica de las y los trabajadores en la
dirección de esas empresas, sin una planificación rigurosa, racional y
eficiente de su gestión y de la
economía nacional como conjunto, sin control obrero y popular, amenazadas además por el flagelo de la
corrupción, tales
iniciativas estaban condenadas
a fracasar.
52. Casi todos los sectores de la economía nacional se han contraído en la última década. Las principales
excepciones son el sector financiero, cuyo tamaño se ha más que cuadruplicado desde principios de siglo, y
el sector de telecomunicaciones, que no ha parado de crecer a gran velocidad; entre las
excepciones también se cuenta el comercial-importador, así
como hasta 2013 el sector comercio, que se había casi duplicado desde 2000, pero que se ha contraído en
los cuatro últimos años.
53. Por su parte, los
sectores propiamente
productivos se muestran
en
general
deprimidos: el
sector manufacturero ha vuelto a quedar atrapado en la tendencia histórica a la baja que se inició alrededor de 1987; la contribución
al PIB de la producción
agropecuaria sigue
siendo, como lo
ha sido por décadas, minúscula; y hasta el sector petrolero, corazón de la economía, lleva ya dos décadas de achicamiento
continuo.
54. Venezuela vive hoy su cuarto año consecutivo de decrecimiento económico, la más larga y profunda
depresión de nuestra historia contemporánea, a lo
que deben sumarse los
efectos
acumulados del año
de estancamiento que vivimos en 2013 y
de los dos años de recesión en 2009 y 2010. Estos períodos de
comportamiento económico desfavorable han pulverizado todo
avance en la economía obtenido
durante los períodos de prosperidad relativa, y han devuelto al país a niveles de debilidad económica que no se habían experimentado en muchísimo
tiempo.
55. Todo indica que el PIB del país en 2016 apenas superó los 50 millardos
de Bs (a precios constantes de
1997), aproximadamente lo mismo que en 2006. Así que una economía real que históricamente ha sido
incapaz de satisfacer las demandas del mercado nacional, se ha achicado y
debilitado todavía más en estos
últimos años.
Y con
la aguda debilidad financiera y la falta de dólares que ahora sufre el Estado,
resulta imposible recurrir, como se
hacía antes, a la importación masiva para complementar la cada vez más insuficiente disponibilidad de bienes de
producción nacional.
56. La tendencia al déficit de
la balanza de pagos en la cuenta corriente consolidada del país es consecuencia
del carácter deficitario del saldo en la cuenta corriente del sector privado,
que siempre es negativo, reflejando el déficit estructural de la empresa
privada venezolana, originado por el proceso de sustitución de importaciones
aplicado en la década de los 60 hasta mediados de los 80, que resultó en una
industria de ensamblaje en todos los sectores de la industria manufacturera. No
se crearon medios de producción en el país, lo que trajo como consecuencia que
el déficit de la empresa privada lo cubriera el superávit del gobierno, ya que
la empresa privada no estuvo ni está en capacidad de aportar las divisas
necesarias para su propio mantenimiento, de allí su carácter parasitario con
respecto a la renta petrolera administrada por el Estado. La actual
alianza-subordinación del gobierno con éste sector ha llevado a la bancarrota
al proceso bolivariano, cuya dirección no estableció un plan de desarrollo de
las fuerzas productivas, para romper la dependencia y el atraso tecnológico.
57. Como resultado de tal combinación de circunstancias, el pueblo venezolano padece hoy una grave escasez generalizada de toda clase de bienes y servicios, lo que ha repercutido en un alarmante deterioro
de la calidad de vida y
ha contribuido a estimular una inflación sin precedentes que destruye la capacidad adquisitiva de los salarios. Estas
condiciones han sido aprovechadas a su vez por los grandes monopolios de la
distribución de bienes de consumo, que han maximizado sus ganancias por medio
del acaparamiento y la especulación, en detrimento del precio de la mercancía
fuerza de trabajo, agravando así la situación de precariedad de las masas
trabajadoras.
58. No es razonable esperar una mejoría sustancial de la situación del pueblo y los trabajadores en el corto a mediano plazo dentro del
marco de las actuales estructuras económicas capitalistas. Las esperanzas que
el gobierno ha depositado en una posible recuperación de los precios petroleros o en el desarrollo de la «Faja Petrolífera del
Orinoco», son poco realistas, en vista de los cambios profundos que está
experimentando
la estructura del mercado
energético global,
con
fuentes
de energía
alternativas al petróleo convencional cada vez más rentables y abundantes, con cada vez más competidores en un mercado ya muy bien abastecido,
y con cada vez más estímulos
para el desarrollo de matrices energéticas no
dependientes de
los
hidrocarburos fósiles. En pocas palabras, el mundo
avanza progresivamente hacia nuevos modelos energéticos.
59. Del mismo
modo, la
concepción con que se están desarrollando
diversas
nuevas iniciativas de explotación minera, como el llamado «Arco Minero del
Orinoco» o la explotación carbonífera en la Sierra
de Perijá, es contrario al interés nacional y popular. Aunque estos proyectos podrían atraer en el corto a mediano
plazo una importante inyección de
inversiones extranjeras que
indudablemente
contribuiría a
aliviar la escasez de divisas y
el déficit de la balanza de pagos, deben tomarse en cuenta también sus
efectos en el mediano a largo plazo, tanto en términos de
su impacto ecológico y humano y sobre la soberanía nacional, como en cuanto a
lo
que representaría para la estructura
económica del país: un nuevo ciclo de rentismo e inestabilidad bajo la volatilidad intrínseca de los mercados de commodities, y
la reafirmación de la posición venezolana en la división internacional del trabajo como país dependiente exportador de materias primas. Especialmente preocupante es la posibilidad
del
control por compañías extranjeras sobre porciones del territorio nacional, que plantea un escenario de peligros para la soberanía del país.
60. Por otra
parte,
si
bien los
emprendimientos de
pequeña
escala que han
disfrutado de apoyo gubernamental pueden efectivamente
hacer alguna modesta contribución y servir en ciertos casos para elevar los niveles de
conciencia y organización
popular, en
general estas experiencias son económicamente inviables en
el mediano plazo
si no están articuladas dentro de un proyecto nacional de
desarrollo, y carecen por su propia naturaleza de la escala y el potencial necesarios para apalancar la
transformación profunda
que requiere
la economía nacional; además,
en
algunos
casos han sido
vehículos para nuevas
formas de clientelismo, despilfarro y corrupción.
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